sábado, 27 de junio de 2009

Crece doler



Chato y agudo
Sin dudas de acero

O peor

Es plano
Es agujero
Es bola
Es frío

Quema
Oprime
Pesa

En el pecho

Se instala

Y vive


martes, 23 de junio de 2009

Te congelan

.
Te congelan
te congelan poco a poco
cachetazos distraídos de indiferencia
y escupidas de miedos a retazos

Te congelan con sus lágrimas no lloradas
y el tacto frío y anestesiado
con sus ojos callados
y los poros ciegos de pulsaciones

Te congelan ellos
arquitectos de murallas
te huelen con sus olfatos rancios
y opinologan tus acciones

Te congelan
con los puños cerrados de bronca verde
y burbujas oxidadas de azufres
quebradizos y estancados

Te congelan
poco a poco
lo intentan cada vez

Cada vez que lo intentan...

¿Te congelan?
.

sábado, 20 de junio de 2009

Reencuentro

......................


…y mientras las lágrimas corrían por sus mejillas ella vino a su encuentro. Supo entonces que la había extrañado. Hacía tiempo que no sentía ese dulzor ácido, aplastante. Cara a cara se miraron, desnudos. Y una música venida de ningún lugar los levantó en vuelo y los envolvió en la tibieza del temblor de la lágrima por caer.
– Bienvenida una vez más, –dijo entonces él– melancolía.
.
.
Pintura "Perfiles" - Acrílico sobre tela - 0,50 mt x 0,70 mt - Vanesa Giordano



miércoles, 17 de junio de 2009

Gotas



Y si entraran y salieran
Las gotas
de
Tus ojos

No necesitarían tal vez cerrarse

Brillantes de limpitos quedarían

No más olor a humedad
No más pelusas
No más bichitos

La oscuridad no existiría

Serían sólo delicias
En tiempos de verano


sábado, 16 de mayo de 2009

Cirujano

… y entonces con la misma precisión con la que un cirujano domina su bisturí, agudo y helado, tomó la gillette. Su cara dibujó larga una sonrisa. Su mano no usó anestesia. Y lento, muy lento, tajeó su huella en el corazón.

lunes, 11 de mayo de 2009

Conciencia


Ahora
Los elementos se funden
Todo pierde su límite

El cuerpo se transforma en agua
Y el agua en tierra
Tierra liviana de cielo
Y cielo denso de árbol
Y cada uno es todo él

Nadará
Desde el principio del fin
Fundido en ese momento
Sus raíces serán cortadas al aferrarse

Reptará
No podrá escapar
Entregado
Huirá por siempre

Volará
Será denso de aire
Y liviano de raíz

El agua que lo cubra no lo ahogará
Su cuerpo se expandirá hacia su interno
Y en la implosión desaparecerá

Y después
Después por fin
.

Dibujo "Conciencia" - Vanesa Giordano

sábado, 2 de mayo de 2009

Carta a un escritor

Este lugar, día de hoy de este mes del corriente año

Estimado coequiper:

Hacía tiempo que tenía ganas de ser yo la que te hablara, y no voy a desaprovechar esta oportunidad, aunque confieso que es raro esto de invertir los roles.
No sé porqué a veces me tenés tanto miedo. Yo sólo te ofrezco un lugar. Sí; es cierto, siempre te obligo a empezar de cero.
Está clarísimo que siempre llevás las de ganar ya que yo sólo recibo en mi regazo lo que vos querés que yo sea.
Al principio siento tu pánico; después, tu avanzar tímido, y en cuanto tomás un poquito de confianza... Luego, te quedás mirándome, y pueden suceder muchas cosas: te enojás, te sentís orgulloso, o se te mezclan un montón sensaciones desconcertantes. La mayoría de las veces, después de tomarte tu tiempo, volvés, y me modificás como se te antoja. A veces me dejás guardada en algún lugar y por un tiempo te olvidás de mí. Y algún día sucede algo que te hace recordarme, y entonces, me encontrás nuevamente, y me modificás una vez más.
Tenía muchas ganas de contarte todo esto, porque no entiendo cómo es que me tenés tanto miedo. Vos sabés que yo estoy, siempre. Sabés que hagas lo que hagas de mí, siempre te daré una nueva oportunidad. No me molesta que hagas conmigo lo que se te antoje. Esto no es un reclamo, ni una pasada de factura, ni nada por el estilo; todo lo contrario. Lo único que quisiera es que destierres ese pánico que veo en vos cada vez que me venís a buscar. No muerdo, no voy a saltarte a la yugular, no soy tu amenaza. Dale, che; dejáte de pavadas, y la próxima vez, vení a buscarme sin miedo; siempre voy a estar acá: esperándote, dispuesta, fértil.
Eternamente a tu disposición, con todo mi cariño,
Yo,
la hoja en blanco
.
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Este texto ha sido publicado en CRUZAGRAMAS
Gracias gigantes a Don Zaiper!!! Y a toda la comunidad cruzagramística!

sábado, 25 de abril de 2009

(sin) Fin


– ¿Hasta cuándo tendré que llorarlo?
– Hasta que los ojos se te transformen en desiertos, y puedas sentir sólo arena seca en tus venas.
– Pero eso ya me pasó.
– Entonces, ahora el dolor será sordo y sentirás que una topadora arrasa con tu corazón.
– Eso también me pasó.
– Entonces, sólo resta sumergirte hasta lo más hondo del agujero en tu pecho.


martes, 21 de abril de 2009

Regreso

De pronto interrumpió su discurso habitual y observó: un nene comiendo chizitos, el movimiento rítmico y monótono de la gente, un celular sonando… Se dio cuenta de que había perdido el hilo de lo que decía. Y pensó en su Mili. Miró nuevamente al nene gordito que no paraba de masticar y masticar. Sintió asco. Volvió a mirar a la gente. Giró hacia el grandote rubio que lo miraba mal. Y sintió más asco. Seguramente en algún otro momento se hubiera enojado con él y lo hubiera increpado. Pero hoy no; sólo observó. A su mente vinieron de nuevo los ojazos de su chiquita. Una sutil electricidad empezó a subirle desde el punto más profundo de sus entrañas. Al instante se dio cuenta de que estaba congelado, paralizado de movimiento y habla. En una fugaz conexión con la realidad vio que pasaba una estación. Seguía congelado. Nadie en el vagón parecía notarlo, la mayoría disimulaba. Sintió pena. La electricidad nacida en sus entrañas siguió subiendo por su cuerpo; en su pecho se hizo cosquillas y en sus ojos, humedad. Raúl supo definitivamente que no valía la pena seguir allí parado. Y pasó otra estación. Una sonrisa de su Mili valía más que la bolsita pesada y rogada de monedas. Y una estación más. Se dio cuenta de que el cansancio que transpiraba no era el suyo. Por primera vez no anheló su mano; demasiado pesado era ya palpar el hastío ajeno sólo con una. Pasaron tres estaciones, un tiempo que sólo unos pocos advirtieron y unos cuantos disimularon. Raúl, de pronto, empezó a hablar, como si alguien hubiera soltado el botón de “pausa”. Agradeció a todos los pasajeros. Su cara, por primera vez en mucho tiempo, se animó a sonreír hasta las muelas. Empezó a abrirse paso por entre el aire sofocante y denso. Demoró apenas un segundo con cada persona. No hizo diferencias, todos recibieron lo suyo. Saboreó el gusto que tiene el otro lado de la compasión.
Al llegar a la cuarta estación, bajó del vagón y apuró el paso. Raúl sabía que en su casa lo esperaban los ojazos de su Mili. Empezó a correr. Llevaba su cara empapada en lágrimas, y en su única mano, apretada muy fuerte, su inseparable bolsita de monedas, por primera vez, vacía.

(Escena montada sobre descripción de escenario realizada por Denise en el tcl-28)

viernes, 17 de abril de 2009

Resistencia latente

Son los corazones despiertos,
despiertos y latentes,
los que en la tangente oblicua de la vida
acuden a su cita con lo cierto.

Fuera de ella otros soplan y soplan,
desestabilizan sus pasos.
Son ésos, los pasos verdaderos,
que avergüenzan a los ordenados.

Muchos corazones venían,
pero allí afuera van quedando.

viernes, 10 de abril de 2009

Esperándote...

…mojar la medialuna en el café con leche una tarde de otoño
que el abrigo abrace tus pies después de un chaparrón
recibir inesperadamente ese llamado que tanto anhelabas pero aún no sabías
fundirte en el abrazo de tu gente amada
andar en bici sin prisa por llegar un día de primavera
echarte a “ver” como dibuja el aire tu música favorita
encontrarte repentinamente sacudido por al ritmo de tu propia carcajada
saberte desnudo ante esos ojazos infantiles
sentir, ver y adorar a las mariposas
divagar imposibles entre las llamas de una chimenea
convencerte una vez más de que no habrá pinceladas más bellas que las de “esos” cielos
recibir desde un hambre voraz el primer bocado de comida
saciar una sed desesperante con limonada fresca
enamorarte cada noche de la misma luna
saber de la existencia de los ángeles
un capuchino exquisito para una nariz helada
atrapar con la cucharita le espuma de ese capuchino
encontrarte con tu cama después de un arduo día de trabajo
un baño de inmersión con velas, sahumerios y buena música
prender la tele y que justo empiece tu programa favorito
observar las flores
saber que no hubo ser humano que las haya creado
sentirte feliz bajo la lluvia
seguir tratando inútilmente - o no - de intuir qué será lo que siente un ave en vuelo
descubrir un nuevo brotecito en la planta que tanto cuidás
y que florezca
presentir un perfume llegando a casa
olvidarte un día entero del reloj
que el sol sea naranja
que la luna también lo sea
desperezarte
despertarme y verte a mi lado
iniciar un viaje
llegar
y que llegues
y acariciarte
y disfrutarte
y amarte.
- Hola!

martes, 7 de abril de 2009

La Cita (de cuando un personaje quiso ser cuento)

La pasajera muy apresurada indicó al subir: “Hasta Guzmán y Elcano, en Chacarita”. Y Mario Guzmán supo que “el día” había llegado.
Mario Guzmán tiene cincuenta y tres años. Mide un metro setenta y ocho (aunque nadie lo advierte porque casi nunca está parado). Fuma dos atados de Lucky por día. Su voz es áspera y pareciera que le falta el aire al hablar. Sus cejas son gruesas y tupidas, y sus ojos oscuros tienen esa expresión simpática de sol. Lleva su brazo izquierdo mucho más bronceado que su brazo derecho. No usa reloj. Como único accesorio tiene una cadena de plata con una medallita de San Benito colgada del revés.
Mario Guzmán ha sido morocho por siempre, pero desde hace un tiempo sus canas parecen querer ocultarlo. Es por esto, que una mañana, entre cafés y medialunas de grasa en lo del gallego, se ganó el apodo de “El Cano”.
Ciento cuarenta y dos kilos acusó la balanza, hace algo más de seis años, la última vez que Mario Guzmán visitó a un médico. Seguramente la rutina del salamín con queso y aceitunas, y los choripanes jugosos han sumado unos cuantos kilos más. Así es, que su extensa humanidad se desparrama dentro del taxi ocupando mucho más espacio de el que le corresponde.
Mario Guzmán viste como todos los días su camisa celeste de manga corta y su pantalón gris, remendado en lugares donde la vista no llegaría jamás. Le gusta jactarse de que su auto tiene el volante más lustroso de la ciudad. Esto se debe al detalle de la franela, cuidadosamente extendida sobre su panza, que no deja de lustrar y lustrar a ese volante, en cada vuelta de cada esquina.
Separado de su mujer hace diez años, Mario Guzmán pasa diecisiete horas por día arriba del taxi. No tuvo hijos. Hace ocho años se vio obligado a internar a su madre en un geriátrico. Su padre murió antes de que él naciera.
Quién hubiera dicho; en el mismo “Guzmán” de su apellido, en el mismo “Elcano” de su apodo, en la misma intersección donde murió su padre (arrollado por un tren, hace cincuenta y cuatro años) junto al mismo cementerio donde descansan sus restos; quién hubiera dicho, que ese día, después de dejar a su última pasajera, el corazón de Mario Guzmán diría basta.

miércoles, 1 de abril de 2009

DesNudo

El hecho de no poder creer lo que le decía el Negro, trajo a su mente un recuerdo que tenía borrado. Jorge se vio a sí mismo parado al lado de la heladera en la cocina de la casa de su infancia; tenía siete años cuando preguntó: “Mamá, ¿quién nos ató el ombligo del lado de adentro?”
La mamá le explicó que se trataba de una cicatriz, le habló del cordón umbilical, del ombliguito que se cae, y esas cosas. Por aquellos años, todo lo que dijeran los padres eran palabras sagradas, no existía otra verdad en el mundo.
Jorge creció y vivió sus treinta y cinco años, convencido de que los seres humanos llevamos en el ombligo la cicatriz de nuestro nacimiento. Hasta hoy.
Después de su charla con el Negro, y recordando su inquietud infantil, se propuso averiguar la verdad. Utilizaría para tal fin su propio cuerpo.
Desnudo, se acomodó en su sillón reclinable, y se procuró un anotador y una lapicera, con intención de registrar en el acto cualquier impresión de la experiencia. Armado de una decisión y firmeza que nunca antes había tenido, metió con todas sus fuerzas el dedo índice de su mano derecha en el ombligo. Y hurgó. Muy profundo.
Estupefacto quedó, al sentir que lo insólito se volvía verdad. Su dedo índice se hundía, más y más. Aunque él quisiera, no podía ya detenerse. No había fin. Comenzó a marearse. Todo empezaba a girar. Iba sintiendo una liberación lenta y vertiginosa. Y se seguía hundiendo. Mientras, al igual que el mundo, la frase del Negro le daba vueltas en la cabeza: “El ombligo es lo que nos cierra, nuestro nudo interno; como el nudo de un globo, sólo que del lado de adentro”. El germen más primario de la profundidad de sus tripas se retorcía en una lenta y agradable agonía. Nunca había experimentado una sensación semejante. Sentía que un sacacorchos giraba y giraba dentro suyo, causándole un dolor inconmensurable, y a la vez, ese alivio absoluto tan ansiado y desconocido por el ser humano. Se hundía. Livianamente giraba y giraba. Y a cada vuelta más dolor. Y a cada vuelta más calma. Cada vuelta más rápida. La fuerza centrífuga comenzó a estirar su cuerpo. Con cada vuelta, más blando. Con cada vuelta, más líquido. El remolino giró y giró. De a poco comenzó a achicarse. Desagotándose. Cada vez, menos y menos de él. La fuerza centrífuga lentamente aminoró su velocidad. El girar era ya ovalado. De a poco. Lento. Jorge, hasta la última gota, desapareció de su ser.

domingo, 29 de marzo de 2009

Herida de muerte

La muchacha se acercó lentamente al confesionario, respiró muy hondo, y se arrodilló. En el eco silencioso de la iglesia resonó el crujir de la madera. La viejita que estaba sentada en el tercer banco volvió de su sueño, y miró. El cura dentro del confesionario, también. La muchacha miró a la viejita. El cura hizo la señal de la cruz y abrió la cortina. La viejita volvió a mirar hacia el altar. La muchacha, al borde del precipicio de su ansiedad, comenzó a despegar sus labios. De pronto, un ruido monstruoso apuñaló el eco reinante del silencio. Sobresaltados, los tres giraron velozmente su atención hacia la puerta. Por entre el humo, en vano, intentaban entender. De a poco, la visión comenzó a aclararse. Sobre los primeros asientos de la iglesia se encontraba, trémula todavía, un ala de ángel languideciéndose en caireles de sangre.
Dicen que desde aquel día el silencio, herido de muerte, jamás volvió a posar su calma sobre los pecados del mundo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

SóloS

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............................................................................................a Juan
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Lo que más me gustó de todo fue el cofre que me regalaste. ¿Sabés?, lo guardé en un huequito que tenía en el pecho, y después, lo fui llenando con los tesoros que encontramos juntos. Puse dentro la lluvia de jazmines de la noche en colectivo, y el arco iris que aquella tarde apareció sólo para velar tu sueño. Guardé también las cosquillas del yo seré peligrosa porque hago “así” pero vos te traés lo tuyo porque hacés “asá”, y el encuentro de dos que, sólo en la lejanía, seguirán juntos por siempre. Porque cada vez más, desde la distancia, aprieto bien fuerte tu mano, y volamos… Yo, sola, y vos, también.

martes, 24 de marzo de 2009

Relación entre partes contrapuestas


Últimamente, vengo intuyendo algo, que creo que recién ahora estoy comenzando a entender: me parece que mi parte cuerda, se está empezando a dar cuenta de que no es la única que habita en mí; es más, se está empezando a dar cuenta de que cada vez es más chico el espacio que ocupa. Se está empezando a sentir invadida, poco a poco, lentamente, cada vez más por su contrapunta. Por momentos esto la altera un poco - donde iría a parar sino como la cosa siga así – y, a su vez, inevitable y paradójicamente, la reafirma en su esencia. Porque… de eso se trata, ¿no? Para que exista un “sí”, es imprescindible que exista un “no”; para que exista un “claro”, debe existir un “oscuro”; para que exista un “arriba”, deberá existir un “abajo”… y así. Qué pasa entonces, me pregunto, cuando una de las partes pretende exclusividad; siguiendo este razonamiento, esto sería comparable a cometer un suicidio.
Pero me fui de tema; decía, que me parece que mi parte cuerda se está empezando a dar cuenta de que no es la única que habita en mí. Sin embargo, una fracción de ella, gusta de ser espectadora de su contrapunta, se divierte mucho, como con la tía copada de la familia cuando se es chico. Esta fracción, gustosa observardora, ocupa dentro de su ámbito una porción menor, lógicamente; una superficie comparada a la correspondencia que tienen los segmentos entre sí dentro por ejemplo de una proporción áurea, esto es: dada una línea separada en dos segmentos desiguales, el total es al segmento mayor, como éste lo es al menor. Es lo que se conoce como “La Divina Proporción”, presente en la naturaleza, en la espiral de su crecimiento, y tantas veces aplicada a las más maravillosas obras de arte que ha concebido esta humanidad. Sin embargo, la parte cuerda se está empezando a dar cuenta que cada vez es más chico su espacio, lo que me lleva a reflexionar sobre la capacidad de la conciencia. Porque ¿cómo sabe la parte cuerda que su contrapunta la está invadiendo de a poco?, ¿desde dónde se para a mirar, para darse cuenta de cómo se puebla la superficie total? Imagino que desde ella misma… o en realidad, y hasta resulta más lógico, su conciencia podría advertir ésto porque se encuentra parada mirando desde el todo. Entonces, si la conciencia de la parte cuerda, es capaz, de pararse a mirar, desde el lugar que ocupa el todo y tener una visión panorámica del asunto, esto podría significar que esa conciencia tiene un poder de expansión que supera su propio ámbito de existencia, y este hecho sería muy complejo de explicar en este contexto. Por lo que decía, que me parece que se está empezando a dar cuenta de que cada vez es más chico su espacio, y pienso si esto será porque realmente la están invadiendo, o porque en realidad, se estarían sufriendo los efectos de una extraña fuerza que tiende a achicar inexorablemente las existencias. Esta fuerza a la que me refiero, es la misma, por ejemplo, que habría sufrido la existencia hormigueril del planeta. Pensemos sino un poco, cuán chica e insignificante es para nosotros, los seres humanos, la presencia de una minúscula hormiguita perdida de su peregrinaje; ínfima, diminuta, inexistente, inútil. Así de terrible son los efectos de esta extraña fuerza, pero lo peor del caso, es que no se sabe a qué patrón de comportamiento obedece su actuar; por lo que, las próximas víctimas podríamos ser cualquier existencia del universo. Da un poco de escalofrío ¿no?; ser para “algún otro” como es una hormiga para nosotros. Sin embargo, sabemos que en el universo, somos de hecho, muchísimo menos que eso, asique realmente, no veo de qué preocuparnos.
En fin, continuando con lo que decía, decía que, se está empezando a sentir invadida, poco a poco, lentamente, cada vez más por su contrapunta, que deduzco ubicada en algún extremo (punta) de la cuestión. Algún extremo, deduzco, contrario a la cuestión; contra-punta. Tendríamos así entonces, dos puntas: una la cuerda, y la otra su contra. Entonces pienso, si lo que tenemos aquí en pugna son dos puntas ¿qué es lo que las une? Medito sobre la materia que llenaría ese espacio de existencia, pienso en si será por ejemplo una materia en degradé (lo que facilitaría la transformación paulatina de una en otra), o si será un agrupamiento de cosas tan disímiles como un confite de chocolate y una daga china de un emperador de hace siglos. Aunque, si es que está lleno de objetos, debería ser en principio un espacio delimitado de alguna forma posible; siendo posible, lógicamente, a su vez, hallarse delimitado por los propios objetos que la conforman.
En definitiva, decía que la parte cuerda está comenzando a sentirse un poco alterada por este hecho, pero que esto a su vez, básicamente la redefine y legaliza en su existir. Lo que llevaría a pensar que, entonces, la alteración es causa y efecto ante el hecho de reafirmar una existencia, y viceversa; o sea, reafirmar la existencia es causa y efecto ante el hecho de una alteración dada. Lo que habría que determinar, es de qué tipo de alteración estaríamos hablando. Porque, dependiendo del tipo de factor alterado, se modifica el todo de tantas formas posibles como cantidades de factores existentes. Por lo que, en principio, deberíamos definir la cantidad de factores que la compondrían, para poder tener una mera noción de la cantidad de existencias disímiles que estaríamos fabricando.
Una vez definidas estas cuestiones, sería entonces muy fácil determinar la relación entre las partes contrapuestas, y su consiguiente estado de retroalimentación clarificadora para cada una de ellas.

Disfraz


Una noche, estaba yo sin poder dormir. Me levanté a dar un paseo sin sentido, cuando de pronto sucedió: en mi patio pude ver un racimo de corazones, sin cuerpos asignados aún que latir. Corazones que, en un atisbo de colmo de poesía, lloraban en lo último de su forma las perlas de la madrugada. De cada uno de ellos pendía una gota cristalina de humedad. Cada gota se aferraba con todas sus fuerzas al intento inútil de trascender ante la luz del sol, víctimas de su propia existencia.
Ya veo, que al llegar la mañana, estos corazones, avergonzados de poesía, se ocultarán y ocultarán sus lágrimas, y se disfrazarán del más común y ordinario potus verde jaspeado de casa.