domingo, 9 de agosto de 2009

Y si tan sólo...

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Si tan sólo bastara con maldecirte
y desear eternamente tu ausencia
para que dejes de doler

Si fuera tan fácil escupirte a los ojos
cachetearte la glotis
y pellizcarte el hígado

Si pudiera demoler los castillos
que treparon solos por los aires
intuyendo el rastro de mis anhelos

Si tan sólo hubieras descansado en mis arrullos

Inútil sería tal vez
golpearte y golpearte en el pecho
para simbronar tu corazón ahuecado

Si tan sólo pudiera escuchar esos ecos
y dormirme

Si pudiera arrancarme de tu ignorancia
extirpar tus susurros, tu piel
tus caricias, tu aliento
de mí

Si dejaras de ser vos
si dejara de ser yo
si fuera tan sólo
y fuera tan simple…
.................................que dejáramos de ser.
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miércoles, 5 de agosto de 2009

Colorín colorado inédito

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… y entonces Blancanieves acepta la manzana de la viejita y da un mordisco. La encuentra durísima. Se le cae un diente por hacer tanta fuerza. Y se le cae otro. Y otro más. Y el rosado de sus mejillas empieza a desaparecer. Y su bello vestido de sedas de a poco se transforma en arpillera. Y le crece la nariz, y en la punta le sale una verruga y en ella dos pelos, gruesos. Sus huesos se achican, se encorva, se joroba. Crujen sus años. Se seca por dentro. Sin entender lo que le pasa, con las pocas fuerzas que le quedan, levanta la vista. Delante suyo, reluciente, encuentra una Blancanieves feliz que voltea y se abraza a un joven príncipe. Las espaldas de la pareja marchándose es la última imagen que guardaron sus retinas.
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martes, 28 de julio de 2009

De pindringos y otras cosas

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En el rincón, los pindringos hicieron su rancho. Nadie recuerda ya hace cuánto tiempo habían llegado. Hay algunos (muy obtusos ellos) que sostienen su inexistencia. Pero cada ojo que ha pasado por la habitación se ha detenido inevitablemente a contemplar ese rincón.
...Pero ¿por qué otra cosa sucedería esto, si no fuera por la evidente presencia de pindringos?
...Sucede que sólo quienes pululan pueden advertirlos, y el oficio de pululador escasea por estos días. Ante tal falta de audiencia, los pindringos se han visto obligados a reproducirse insensatamente a fines de abarcar una superficie cada vez más amplia. El último ojo pululador da fe de que los pindingros ya han invadido un tercio de la habitación. Sin embargo, en la medida en que los pindringos se reproducen, también se reproduce la cantidad de obtusos que pasan por aquella habitación, y los niegan.
...Unos ojos (unos poquísimos ojos) son los únicos que han podido escapar de la obtusería. Esos ojos y su polular (su cada vez más atesorado pulular) crean más ojos, que pululan justo en el rincón, justito ahí en donde los pindringos hicieron rancho.
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jueves, 23 de julio de 2009

DesEspera

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Un hombre está sentado en una sala de espera. Su pierna derecha no para de rebotar. Sentado, se inclina hacia delante. Luego, se inclina hacia atrás. Mira a la secretaria. Se vuelve a inclinar hacia delante. Mira de reojo el reloj pulsera de la señora sentada a su lado, pero no alcanza a distinguir. La mujer lee una revista y la posición de su muñeca hace que el reloj quede hacia abajo. El hombre se da cuenta de que es en vano seguir intentando. Sin dejar de rebotar su pierna derecha pasea su mirada inquieta por la sala. Descubre el monitor de la computadora de la secretaria. Se estira para ver, agudiza su vista; pero no, está demasiado lejos. De pronto la mirada se le enciende, empieza a palpar su saco. Tantea con su mano los bolsillos internos y externos. Se incorpora apenas y tantea su traste. Desilusionado, vuelve a acomodarse en el asiento. De a poco, la pierna derecha comienza a rebotar, cada vez más rápido. Ahora el ritmo del movimiento es acompañado por el tintineo de un par de monedas chocándose en su bolsillo. La señora de al lado se empieza a notar molesta. La joven que se encontraba sentada en el rincón se levanta y le pide a la secretaria prender el televisor. Al hombre le vuelve a brillar la mirada. La chica enciende la tele y sintoniza la novela de la tarde. La cara del hombre vuelve a apagarse. Por un breve momento la pierna había suavizado el movimiento, pero en cuanto ve la novela el rebote gana nuevamente velocidad, produciendo un tintineo más intenso de monedas. La chica sumándose al fastidio de la señora, sube el volumen del televisor para silenciar las monedas. El hombre se da cuenta, y sus movimientos son cada vez más bruscos. La secretaria que mira la escena niega fastidiada con la cabeza, resopla y vuelve a su planilla. El barullo reinante en la sala se ve de pronto interrumpido por el ring del timbre. La secretaria se levanta a abrir la puerta. La recién llegada saluda y pregunta a la secretaria si habrá mucha demora. La secretaria contesta que en cualquier momento el doctor comenzará a atender ya que son las cinco menos cinco. Los ojos del hombre ahora sí, se iluminaron, como quien se entera de una nueva verdad desconocida pero presentida. Su pierna ha dejado de moverse. Sus ojos pasean ahora de una en una por todas las pacientes de la sala. Por fin, con el gesto muy alegre, se levanta, saluda a la secretaria, mira su reloj pulsera, y dice:
- Pasame las fichas Silvia, por favor. Y en cinco hacé pasar a la primera.
Se da media vuelta y se mete en su consultorio.
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domingo, 19 de julio de 2009

Disculpe la molestia




me molesta que me empujen por la calle
que me atiendan mal en un negocio y las malas contestaciones

me molesta el silencio
la frialdad
y el frío

me molesta que me contradigan
y que me juzguen

me molestan las alarmas de los garages
el desamor
la desilusión
el automatismo

me molesta el prejuicio............. (de)
lo constante.................... (sin)
ni siquiera saber ................... (de)
los asuntos

me molesta la falta de tacto
la falta de respeto
la ausencia de sentido común
la falta de sentidos
............................. las faltas
........................................... las ausencias
......................................................... (los) sin sentidos

me molesta no encontrar sentido
.................. no encontrar
.............................. errar
.......................... fracasar

me molesta que hierva el agua del mate
............................................. y quemarme
que me fumen cerca
el atropello
la mentira
la ambición
y el poder y el dinero
las cacerías

me molesta que me quieran vender
...................................................... cuando no quiero comprar

me molestan las uñas contra el pizarrón
las máquinas que taladran las veredas
.......................................................... que taladran mi cabeza
los edificios que se reproducen
y la falta de verde
y la falta de cielo
y la falta de aire

me molesta la injusticia
las mentes cerradas
los corazones cerrados

me molesta que duela mi cabeza
.................................................. y mi corazón también

me molesta el dolor
................. mi dolor
.................. tu dolor

me molesta el dolor de él y el de ella
.............................................................. y el de aquellos también

me molesta el apio en la ensalada
que me ofrezcan pollo si no tienen pescado
que juzguen si biencreo o malcreo
........................ si como o no como si digo o no digo si hago o no hago

me molestan las ojeadas
y cortarme con una hoja
que la ducha esté fría
................................. y la cama también

me molesta mojarme el ruedo de los pantalones cuando baldean las veredas
las cuestiones contables
la burocracia
que me llamen por teléfono cuando no tengo ganas de hablar
que nadie me regale flores

me molesta la culpa
................. mi culpa de todo
................. mi culpa de nada

me molesta que me culpe mi culpa
me molesta sentirme enojada
aprender a ser dura
a ser fría

me molesta ser miedosa
inconstante

me molestan los corazones con estragos

me molesta hacer cosas por obligación
ir al dentista
que me salgan granitos
los mosquitos
que mi gata no entienda razones
que los humanos no entiendan razones

me molesta que me molesten tantas cosas

ufa






viernes, 10 de julio de 2009

Numénica

a mi fiel y eterna aliada en la lucha contra la "no inspiración"


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De a poco va creciendo, contemplativa y serena. Suele jugar a las escondidas; adora camuflarse. Teme. A veces sus pequeñas partículas se repliegan. Hasta que oscurece, y revive, y contempla y serena. Y la imagina quien la ve, la recorre, la observa. Ella de pronto desespera. Mira a ambos lados. Todo es plano. No hay arriba, no hay abajo; es imposible estirarse, asomarse o retraerse. Es sólo dejarse y contemplar. Rendida. La miman aquellos que divagan por los aires. Roban prestada de ella un concentrado de su esencia, aplican sus poderes mágicos de delirios y vuelos y, probablemente la hagan sonreír. Ella de a poco irá mutando. Y será eterna.
Y eterna será su búsqueda, la belleza será más plena, y los universos, serán imposibles de existir.


Pintura "Hada" - Acrílico sobre cartón entelado - 40 x 50 cm - Vanesa Giordano

sábado, 4 de julio de 2009

Yo creo

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Yo creo
yo creo que se nace
se nace y también se hace
se hace y se consigue
se consigue lo que se puede
se puede si se lo quiere
se quiere lo que se hace

Se nace para ello

Yo creo
porque se nace
y porque también se hace

Y porque una sin la otra
nada crearían

Y yo
nada creería

sábado, 27 de junio de 2009

Crece doler



Chato y agudo
Sin dudas de acero

O peor

Es plano
Es agujero
Es bola
Es frío

Quema
Oprime
Pesa

En el pecho

Se instala

Y vive


martes, 23 de junio de 2009

Te congelan

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Te congelan
te congelan poco a poco
cachetazos distraídos de indiferencia
y escupidas de miedos a retazos

Te congelan con sus lágrimas no lloradas
y el tacto frío y anestesiado
con sus ojos callados
y los poros ciegos de pulsaciones

Te congelan ellos
arquitectos de murallas
te huelen con sus olfatos rancios
y opinologan tus acciones

Te congelan
con los puños cerrados de bronca verde
y burbujas oxidadas de azufres
quebradizos y estancados

Te congelan
poco a poco
lo intentan cada vez

Cada vez que lo intentan...

¿Te congelan?
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sábado, 20 de junio de 2009

Reencuentro

......................


…y mientras las lágrimas corrían por sus mejillas ella vino a su encuentro. Supo entonces que la había extrañado. Hacía tiempo que no sentía ese dulzor ácido, aplastante. Cara a cara se miraron, desnudos. Y una música venida de ningún lugar los levantó en vuelo y los envolvió en la tibieza del temblor de la lágrima por caer.
– Bienvenida una vez más, –dijo entonces él– melancolía.
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Pintura "Perfiles" - Acrílico sobre tela - 0,50 mt x 0,70 mt - Vanesa Giordano



miércoles, 17 de junio de 2009

Gotas



Y si entraran y salieran
Las gotas
de
Tus ojos

No necesitarían tal vez cerrarse

Brillantes de limpitos quedarían

No más olor a humedad
No más pelusas
No más bichitos

La oscuridad no existiría

Serían sólo delicias
En tiempos de verano


sábado, 16 de mayo de 2009

Cirujano

… y entonces con la misma precisión con la que un cirujano domina su bisturí, agudo y helado, tomó la gillette. Su cara dibujó larga una sonrisa. Su mano no usó anestesia. Y lento, muy lento, tajeó su huella en el corazón.

lunes, 11 de mayo de 2009

Conciencia


Ahora
Los elementos se funden
Todo pierde su límite

El cuerpo se transforma en agua
Y el agua en tierra
Tierra liviana de cielo
Y cielo denso de árbol
Y cada uno es todo él

Nadará
Desde el principio del fin
Fundido en ese momento
Sus raíces serán cortadas al aferrarse

Reptará
No podrá escapar
Entregado
Huirá por siempre

Volará
Será denso de aire
Y liviano de raíz

El agua que lo cubra no lo ahogará
Su cuerpo se expandirá hacia su interno
Y en la implosión desaparecerá

Y después
Después por fin
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Dibujo "Conciencia" - Vanesa Giordano

sábado, 2 de mayo de 2009

Carta a un escritor

Este lugar, día de hoy de este mes del corriente año

Estimado coequiper:

Hacía tiempo que tenía ganas de ser yo la que te hablara, y no voy a desaprovechar esta oportunidad, aunque confieso que es raro esto de invertir los roles.
No sé porqué a veces me tenés tanto miedo. Yo sólo te ofrezco un lugar. Sí; es cierto, siempre te obligo a empezar de cero.
Está clarísimo que siempre llevás las de ganar ya que yo sólo recibo en mi regazo lo que vos querés que yo sea.
Al principio siento tu pánico; después, tu avanzar tímido, y en cuanto tomás un poquito de confianza... Luego, te quedás mirándome, y pueden suceder muchas cosas: te enojás, te sentís orgulloso, o se te mezclan un montón sensaciones desconcertantes. La mayoría de las veces, después de tomarte tu tiempo, volvés, y me modificás como se te antoja. A veces me dejás guardada en algún lugar y por un tiempo te olvidás de mí. Y algún día sucede algo que te hace recordarme, y entonces, me encontrás nuevamente, y me modificás una vez más.
Tenía muchas ganas de contarte todo esto, porque no entiendo cómo es que me tenés tanto miedo. Vos sabés que yo estoy, siempre. Sabés que hagas lo que hagas de mí, siempre te daré una nueva oportunidad. No me molesta que hagas conmigo lo que se te antoje. Esto no es un reclamo, ni una pasada de factura, ni nada por el estilo; todo lo contrario. Lo único que quisiera es que destierres ese pánico que veo en vos cada vez que me venís a buscar. No muerdo, no voy a saltarte a la yugular, no soy tu amenaza. Dale, che; dejáte de pavadas, y la próxima vez, vení a buscarme sin miedo; siempre voy a estar acá: esperándote, dispuesta, fértil.
Eternamente a tu disposición, con todo mi cariño,
Yo,
la hoja en blanco
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Este texto ha sido publicado en CRUZAGRAMAS
Gracias gigantes a Don Zaiper!!! Y a toda la comunidad cruzagramística!

sábado, 25 de abril de 2009

(sin) Fin


– ¿Hasta cuándo tendré que llorarlo?
– Hasta que los ojos se te transformen en desiertos, y puedas sentir sólo arena seca en tus venas.
– Pero eso ya me pasó.
– Entonces, ahora el dolor será sordo y sentirás que una topadora arrasa con tu corazón.
– Eso también me pasó.
– Entonces, sólo resta sumergirte hasta lo más hondo del agujero en tu pecho.


martes, 21 de abril de 2009

Regreso

De pronto interrumpió su discurso habitual y observó: un nene comiendo chizitos, el movimiento rítmico y monótono de la gente, un celular sonando… Se dio cuenta de que había perdido el hilo de lo que decía. Y pensó en su Mili. Miró nuevamente al nene gordito que no paraba de masticar y masticar. Sintió asco. Volvió a mirar a la gente. Giró hacia el grandote rubio que lo miraba mal. Y sintió más asco. Seguramente en algún otro momento se hubiera enojado con él y lo hubiera increpado. Pero hoy no; sólo observó. A su mente vinieron de nuevo los ojazos de su chiquita. Una sutil electricidad empezó a subirle desde el punto más profundo de sus entrañas. Al instante se dio cuenta de que estaba congelado, paralizado de movimiento y habla. En una fugaz conexión con la realidad vio que pasaba una estación. Seguía congelado. Nadie en el vagón parecía notarlo, la mayoría disimulaba. Sintió pena. La electricidad nacida en sus entrañas siguió subiendo por su cuerpo; en su pecho se hizo cosquillas y en sus ojos, humedad. Raúl supo definitivamente que no valía la pena seguir allí parado. Y pasó otra estación. Una sonrisa de su Mili valía más que la bolsita pesada y rogada de monedas. Y una estación más. Se dio cuenta de que el cansancio que transpiraba no era el suyo. Por primera vez no anheló su mano; demasiado pesado era ya palpar el hastío ajeno sólo con una. Pasaron tres estaciones, un tiempo que sólo unos pocos advirtieron y unos cuantos disimularon. Raúl, de pronto, empezó a hablar, como si alguien hubiera soltado el botón de “pausa”. Agradeció a todos los pasajeros. Su cara, por primera vez en mucho tiempo, se animó a sonreír hasta las muelas. Empezó a abrirse paso por entre el aire sofocante y denso. Demoró apenas un segundo con cada persona. No hizo diferencias, todos recibieron lo suyo. Saboreó el gusto que tiene el otro lado de la compasión.
Al llegar a la cuarta estación, bajó del vagón y apuró el paso. Raúl sabía que en su casa lo esperaban los ojazos de su Mili. Empezó a correr. Llevaba su cara empapada en lágrimas, y en su única mano, apretada muy fuerte, su inseparable bolsita de monedas, por primera vez, vacía.

(Escena montada sobre descripción de escenario realizada por Denise en el tcl-28)

viernes, 17 de abril de 2009

Resistencia latente

Son los corazones despiertos,
despiertos y latentes,
los que en la tangente oblicua de la vida
acuden a su cita con lo cierto.

Fuera de ella otros soplan y soplan,
desestabilizan sus pasos.
Son ésos, los pasos verdaderos,
que avergüenzan a los ordenados.

Muchos corazones venían,
pero allí afuera van quedando.

viernes, 10 de abril de 2009

Esperándote...

…mojar la medialuna en el café con leche una tarde de otoño
que el abrigo abrace tus pies después de un chaparrón
recibir inesperadamente ese llamado que tanto anhelabas pero aún no sabías
fundirte en el abrazo de tu gente amada
andar en bici sin prisa por llegar un día de primavera
echarte a “ver” como dibuja el aire tu música favorita
encontrarte repentinamente sacudido por al ritmo de tu propia carcajada
saberte desnudo ante esos ojazos infantiles
sentir, ver y adorar a las mariposas
divagar imposibles entre las llamas de una chimenea
convencerte una vez más de que no habrá pinceladas más bellas que las de “esos” cielos
recibir desde un hambre voraz el primer bocado de comida
saciar una sed desesperante con limonada fresca
enamorarte cada noche de la misma luna
saber de la existencia de los ángeles
un capuchino exquisito para una nariz helada
atrapar con la cucharita le espuma de ese capuchino
encontrarte con tu cama después de un arduo día de trabajo
un baño de inmersión con velas, sahumerios y buena música
prender la tele y que justo empiece tu programa favorito
observar las flores
saber que no hubo ser humano que las haya creado
sentirte feliz bajo la lluvia
seguir tratando inútilmente - o no - de intuir qué será lo que siente un ave en vuelo
descubrir un nuevo brotecito en la planta que tanto cuidás
y que florezca
presentir un perfume llegando a casa
olvidarte un día entero del reloj
que el sol sea naranja
que la luna también lo sea
desperezarte
despertarme y verte a mi lado
iniciar un viaje
llegar
y que llegues
y acariciarte
y disfrutarte
y amarte.
- Hola!

martes, 7 de abril de 2009

La Cita (de cuando un personaje quiso ser cuento)

La pasajera muy apresurada indicó al subir: “Hasta Guzmán y Elcano, en Chacarita”. Y Mario Guzmán supo que “el día” había llegado.
Mario Guzmán tiene cincuenta y tres años. Mide un metro setenta y ocho (aunque nadie lo advierte porque casi nunca está parado). Fuma dos atados de Lucky por día. Su voz es áspera y pareciera que le falta el aire al hablar. Sus cejas son gruesas y tupidas, y sus ojos oscuros tienen esa expresión simpática de sol. Lleva su brazo izquierdo mucho más bronceado que su brazo derecho. No usa reloj. Como único accesorio tiene una cadena de plata con una medallita de San Benito colgada del revés.
Mario Guzmán ha sido morocho por siempre, pero desde hace un tiempo sus canas parecen querer ocultarlo. Es por esto, que una mañana, entre cafés y medialunas de grasa en lo del gallego, se ganó el apodo de “El Cano”.
Ciento cuarenta y dos kilos acusó la balanza, hace algo más de seis años, la última vez que Mario Guzmán visitó a un médico. Seguramente la rutina del salamín con queso y aceitunas, y los choripanes jugosos han sumado unos cuantos kilos más. Así es, que su extensa humanidad se desparrama dentro del taxi ocupando mucho más espacio de el que le corresponde.
Mario Guzmán viste como todos los días su camisa celeste de manga corta y su pantalón gris, remendado en lugares donde la vista no llegaría jamás. Le gusta jactarse de que su auto tiene el volante más lustroso de la ciudad. Esto se debe al detalle de la franela, cuidadosamente extendida sobre su panza, que no deja de lustrar y lustrar a ese volante, en cada vuelta de cada esquina.
Separado de su mujer hace diez años, Mario Guzmán pasa diecisiete horas por día arriba del taxi. No tuvo hijos. Hace ocho años se vio obligado a internar a su madre en un geriátrico. Su padre murió antes de que él naciera.
Quién hubiera dicho; en el mismo “Guzmán” de su apellido, en el mismo “Elcano” de su apodo, en la misma intersección donde murió su padre (arrollado por un tren, hace cincuenta y cuatro años) junto al mismo cementerio donde descansan sus restos; quién hubiera dicho, que ese día, después de dejar a su última pasajera, el corazón de Mario Guzmán diría basta.

miércoles, 1 de abril de 2009

DesNudo

El hecho de no poder creer lo que le decía el Negro, trajo a su mente un recuerdo que tenía borrado. Jorge se vio a sí mismo parado al lado de la heladera en la cocina de la casa de su infancia; tenía siete años cuando preguntó: “Mamá, ¿quién nos ató el ombligo del lado de adentro?”
La mamá le explicó que se trataba de una cicatriz, le habló del cordón umbilical, del ombliguito que se cae, y esas cosas. Por aquellos años, todo lo que dijeran los padres eran palabras sagradas, no existía otra verdad en el mundo.
Jorge creció y vivió sus treinta y cinco años, convencido de que los seres humanos llevamos en el ombligo la cicatriz de nuestro nacimiento. Hasta hoy.
Después de su charla con el Negro, y recordando su inquietud infantil, se propuso averiguar la verdad. Utilizaría para tal fin su propio cuerpo.
Desnudo, se acomodó en su sillón reclinable, y se procuró un anotador y una lapicera, con intención de registrar en el acto cualquier impresión de la experiencia. Armado de una decisión y firmeza que nunca antes había tenido, metió con todas sus fuerzas el dedo índice de su mano derecha en el ombligo. Y hurgó. Muy profundo.
Estupefacto quedó, al sentir que lo insólito se volvía verdad. Su dedo índice se hundía, más y más. Aunque él quisiera, no podía ya detenerse. No había fin. Comenzó a marearse. Todo empezaba a girar. Iba sintiendo una liberación lenta y vertiginosa. Y se seguía hundiendo. Mientras, al igual que el mundo, la frase del Negro le daba vueltas en la cabeza: “El ombligo es lo que nos cierra, nuestro nudo interno; como el nudo de un globo, sólo que del lado de adentro”. El germen más primario de la profundidad de sus tripas se retorcía en una lenta y agradable agonía. Nunca había experimentado una sensación semejante. Sentía que un sacacorchos giraba y giraba dentro suyo, causándole un dolor inconmensurable, y a la vez, ese alivio absoluto tan ansiado y desconocido por el ser humano. Se hundía. Livianamente giraba y giraba. Y a cada vuelta más dolor. Y a cada vuelta más calma. Cada vuelta más rápida. La fuerza centrífuga comenzó a estirar su cuerpo. Con cada vuelta, más blando. Con cada vuelta, más líquido. El remolino giró y giró. De a poco comenzó a achicarse. Desagotándose. Cada vez, menos y menos de él. La fuerza centrífuga lentamente aminoró su velocidad. El girar era ya ovalado. De a poco. Lento. Jorge, hasta la última gota, desapareció de su ser.